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MEDIUM/MEDIUMNIDAD.

“Un médium (médiums en plural) designa a una persona a la que se considera dotada
de facultades paranormales o de percepción extrasensorial, que le permitirían actuar de
mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o comunicaciones con los
espíritus.
La mediumnidad es la facultad de la que dispone un médium para ponerse en contacto
con las personas ya fallecidas u otras entidades de otros planos o realidades.”
“Se llama mediumnidad al conjunto de facultades que permiten al ser humano
comunicarse con el mundo invisible. El médium sirve de vínculo entre el mundo del
más allá y el mundo físico. Es importante definir bien el término médium, pues con
demasiada frecuencia los radiestesistas, magnetizadores y telépatas son calificados
equivocadamente de médiums.”
“La mediumnidad es una sensibilidad inherente a ciertas personas, no es un don
hereditario ni un poder mágico. La herencia es una falsa noción transmitida
esencialmente por los médiums profesionales, los magos y los mentalistas que se
califican de médiums y que hacen referencia al ocultismo, el esoterismo y la magia,
creando así confusión en el público.”
“El fenómeno de la mediumnidad exige ciertas explicaciones. Todos los que han
estudiado algo de espiritismo saben que el ser humano está provisto de un periespíritu,
organismo fluídico invisible, envoltura inseparable del alma y que progresa, se afina y
se depura con ella. El cuerpo físico, con sus cinco sentidos, no es sino una grosera
representación de él, su prolongación en el plano material. Los sentidos psíquicos,
sofocados bajo la carne en la mayoría de los humanos, recuperan durante el sueño y
después de la muerte una parte de sus medios de acción y de percepción. Esta envoltura
sutil es en realidad nuestra verdadera forma indestructible, anterior al nacimiento, así
como superviviente a la muerte. Es la sede permanente de las facultades del espíritu,
mientras que el cuerpo material es sólo un traje prestado.”
“La mediumnidad es pues la facultad que poseen ciertos seres, de exteriorizar estos
sentidos profundos del alma que, en la mayoría de nosotros, permanecen inactivos y
velados durante la vida terrenal; es el medio de penetrar en el mundo de los espíritus. La
mediumnidad tiende pues esencialmente a la naturaleza sensible del individuo, por regla
general es resultado de una decisión, de una reflexión, madurada en el más allá antes de
la reencarnación, por lo que tiene el carácter de una misión elegida. En efecto, en sesión
espírita nos hemos enterado de que, antes de reencarnar, ciertos espíritus habían
decidido ser médiums y entonces comenzaron a desarrollar su facultad en el más allá,

con la misión de llegar con el pensamiento a los espíritus en turbación. Así, ese trabajo
va a permitir al espíritu reencarnado convertido en médium, recibir los pensamientos de
los desencarnados y convertirse en su instrumento. Éste será quien se pone al servicio
de la manifestación del más allá.”

“Las percepciones mediúmnicas serán del orden del pensamiento y de lo intuitivo. Por
supuesto, existen facultades humanas espontáneas y ordinarias de intercambios
telepáticos y de intuición, pero que no significan necesariamente una capacidad
mediúmnica, si no todo el mundo sería médium. En el médium, estas facultades están
exacerbadas, lo cual le confiere una sensibilidad adecuada para recibir otra realidad,
externa a nuestro mundo sensible. Él percibe la otra dimensión, y si ejerce su
sensibilidad potencial, de tal modo que se abra progresivamente a las influencias de los
espíritus, puede convertirse entonces en su intermediario. Cuando se pone en
receptividad, se encuentra en un estado segundo donde ya no es totalmente dueño de sus
pensamientos ni de sus acciones o gestos. Es a partir de ese estado que un espíritu puede
manifestarse bajo diferentes formas según el médium tenga una sensibilidad para la
escritura automática, la clarividencia, la incorporación, el sueño magnético, etc. Pero
antes de la manifestación de un espíritu, pueden producirse manifestaciones
subconscientes. Ocurre que el médium se sugestiona a sí mismo y produce
comunicaciones que atribuye abusivamente a los espíritus desencarnados. Esta
autosugestión es como una llamada del yo normal al yo subconsciente que no es un ser
distinto, sino una forma más ampliada de la personalidad. En este caso, con toda la
buena fe, el médium responde a sus propias preguntas; exterioriza sus pensamientos
ocultos, sus propios razonamientos, producidos por una vida psíquica más profunda y
más intensa.”
“La fuerza de una estructura espírita es trabajar en una atmósfera serena pero también
beneficiarse con informaciones procedentes de los espíritus que se manifiestan a través
de médiums experimentados. Y podemos comprobar lo bien fundado de estas
revelaciones del más allá para las facultades señaladas y perfectamente dirigidas. Los
espíritus guías son más capaces que nosotros de percibir las posibilidades de cada uno,
las eventuales sensibilidades mediúmnicas y las decisiones que hemos podido tomar
antes de nuestra actual encarnación. La revelación de la facultad que corresponde a la
persona solicitada es una garantía de certeza que permite emprender el buen camino.
Una estructura permite igualmente rodearse de las precauciones necesarias para el buen
desarrollo de una sesión. Así como el aporte fluídico de la asistencia facilitará la
manifestación del espíritu, igualmente asegurará una protección indispensable para el
médium.”
“Durante una sesión, el médium no es dueño de la situación, se deja ir y deja lugar a la
manifestación del espíritu. Se puede decir que en ese momento, el médium es una puerta
abierta al más allá, un mundo que no está poblado sólo de espíritus buenos. Después de
la muerte, un espíritu no cambia para volverse bueno súbitamente, mantiene su nivel de

evolución. Un espíritu malo sigue siendo malo y quiere seguir haciendo el mal.
Respecto a nuestro planeta y su nivel de evolución, es fácil imaginar que el más allá de
la tierra no siempre es de los más amistosos. Además, esos espíritus ya sea que son
malos o que estén en turbación, están muy cerca de nuestras vibraciones materiales, y
por eso tienen más facilidad para manifestarse que los buenos espíritus. Es preciso
entonces, que durante las sesiones experimentales el médium aprendiz esté rodeado por
personas que tengan un buen conocimiento del espiritismo y que sean capaces de
reaccionar correctamente frente a manifestaciones anárquicas de espíritus perversos o en
turbación. Ante esta realidad, siempre es sorprendente encontrar pseudo médiums que
se dicen protegidos de los malos espíritus y que nunca han conocido las contrariedades
de la manifestación de la turbación o el mal.”
“Diremos que tienen la suerte de no tener facultad mediúmnica y de comunicarse sólo
con ellos mismos. Ningún médium puede pretender tener una protección total contra la
manifestación del mal. La historia del espiritismo da testimonio de lo difícil de la
práctica de esta facultad y ya Allan Kardec hablaba de este tipo de conflictos en su
Libro de los Médiums. Concluiremos con las palabras de Léon Denis quien, durante
cerca de medio siglo, trabajó con la pluma y la palabra para difundir el espiritismo como
verdad, con un estilo literario impregnado de una gran poesía: “La espesa cortina que
nos separa del más allá sigue siendo impenetrable para el hombre revestido de su abrigo
carnal; pero el espíritu exteriorizado del médium, así como el espíritu libre del difunto,
pueden atravesarlo con la misma facilidad con que un rayo de sol atraviesa una telaraña.
La mediumnidad es una flor delicada, que para abrirse necesita atentas precauciones y
asiduos cuidados. Le hacen falta método, paciencia, altas aspiraciones y nobles
sentimientos”.”

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